martes, 21 de febrero de 2023

El triángulo de la tristeza (Suecia-Reino Unido-Francia-Alemania/2022). Dirección: Ruben Östlund. Elenco: Harris Dickinson, Charlbi Dean, Zlatko Buric, Dolly De Leon y Woody Harrelson. Guión: Ruben Östlund. Fotografía: Fredrik Wenzel. Edición: Mikel Cee Karlsson. Música: Mikkel Maltha, Leslie Ming. Distribuidora: Diamond Films. Duración: 149 minutos. Salas: .

Por Hernán Cortés

En 1960 Julio Cortázar publicó Los premios, una novela sobre un grupo de personas muy distintas entre sí que conviven en un misterioso crucero al que accedieron tras granar un concurso. La historia culmina con un asesinato. Nada indica que el libro haya sido inspirador para Ruben Östlund, pero algo de ese experimento de poner a convivir en alta mar a una galería de personajes variopintos se respira El triángulo de la tristeza, película que se alzó con la Palma de Oro en el último Festival de Cannes. En The square, su film anterior, también máximo ganador del festival en 2017, Östlund arremetía sin ninguna piedad contra el mundo del arte y su hoguera de vanidades. Aquí, el sueco continúa con su inclemente visión del mundo, esta vez centrándose en la tilinguería de cierta clase alta.


Dividida en tres actos, la película comienza con Carl y Yaya, una pareja de jóvenes influencers que discute (primero en un restaurante, luego en un taxi y finalmente en un ascensor) sobre quién debe hacerse cargo de pagar las salidas que hacen (él reclama poca igualdad de género, ya que al parecer Yaya nunca abre la billetera). El tono exasperante de esta secuencia da pistas de lo que se verá a continuación. 

Si bien el punto de vista nunca abandona del todo a Carl y Yaya, el acto siguiente los sitúa en un lujoso crucero pero quedan diluidos en una serie de pasajeros que no tardaran en exponer sus miserias. Desde el fanfarrón empresario de fertilizantes hasta un solitario magnate tecnológico, pasando por la estirada que ve un poco de suciedad en las velas y un matrimonio de fabricantes de armas (hay que sumar además a un capitán alcohólico), esta suerte de Gran Hermano marítimo sufrirá una tragedia donde ya no habrá vuelta atrás: el patetismo del los tripulantes llegará a su máxima expresión y la película se hundirá en un humor escatológico y cruel. El cierre directamente será perverso y manipulador.

Parece que la provocación -al menos a juzgar por los premios en Cannes- rinde sus frutos. El de Östlund, al igual que el de la dupla argentina Cohn-Duprat, es un tipo de cine que, subido al caballo de la incorrección política, por momentos puede ser ingenioso y mordaz, e incluso llega a contar con situaciones realmente graciosas. Nadie le exige a un director condescendencia con sus espectadores, el riesgo es cuando las ideas se vuelven clichés y la propuesta final termina mordiéndose la cola. Veremos cuáles serán los próximos pasos de este ya-no-tan terrible enfant

  

      

0 comentarios :

Publicar un comentario