miércoles, 29 de mayo de 2019

Breve historia del planeta verde (Argentina/2019). Dirección: Santiago Loza. Elenco: Romina Escobar, Paula Grinszpan, Luis Sodá, Elvira Onetto, Anabella Bacigalupo, Léo Kildare Louback. Guión: Santiago Loza. Fotografía: Eduardo Crespo. Edición: Lorena Moriconi, Iair Michel Attiías. Sonido: Tiago Bello, Nahuel Palenque. Distribuidora: Independiente. Duración: 75 minutos. Salas: Leopoldo Lugones.
 
Por Hernán Cortés

Los primeros instantes de Breve historia del planeta verde no difieren del habitual universo cinematográfico de Santiago Loza: un sutil acompañamiento a personajes con algún tipo de herida emocional. Es el caso de Tania, una mujer trans que acaba de perder a su abuela y debe viajar al interior del país, junto a sus amigos Daniela y Pedro, para ocuparse de la casa vacía. Pero no tarda en aparecer un elemento disruptivo: la mujer que cuidaba a la abuela los anoticia de que la anciana ha criado un extraterrestre -sí- que encontró perdido y que su última voluntad era devolverlo al lugar de donde vino.


Pese a lo anormal que pueda parecer esto (hay hasta fotos de la señora junto al alienígena, lo que incrementa lo absurdo de la situación), nadie se sorprende demasiado al ver a esa criatura violácea que descansa en hielo, y mucho menos piensan oponerse al deseo de la finada. Asumida con naturalidad su misión, el trío se embarca en un periplo con el marciano a cuestas, que será al mismo tiempo una oportunidad para descubrirse a ellos mismos.

En su película -que viene de cosechar elogios en la Berlinale y el Bafici-, Loza apela al minimalismo narrativo (hay apenas algún episodio de discriminación durante el viaje), a la observación gestual, a los climas musicales y a algunas pinceladas de humor asordinado, para construir un relato entrañable, una oda a la amistad y una bienvenida sorpresa en su filmografía.


         
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