martes, 4 de octubre de 2016

Armonías del caos (Argentina/2011). Dirección: Mauro López. Elenco: 
Lorenzo Quinteros, Carlos Echavarría, Sergio Pángaro, María Laura Belmonte. Guión: Mauro López. Fotografía: Sergio Piñeyro. Edición: Jerónimo Carranza, Klaus Borges Vaz. Sonido: Hugo Carballido. Distribuidora: 3C Films Group. Duración: 83 minutos. Salas: Gaumont, Cinema Paradiso (La Plata).

Por Hernán Cortés

La ciudad de La Plata aun no se posicionó como faro de avanzada en el cine como sí lo hizo, por ejemplo, en el rock. Pero el debut de Mauro López -concebido y rodado en la capital provincial- resulta, como mínimo, una atendible rareza para la cartelera local. El hecho de que llegue a las salas cinco años después de su realización le suma curiosidad a la propuesta.


Ya el elenco es particularmente disímil: un veterano al que hace tiempo no se lo ve en la pantalla grande (Lorenzo Quinteros), un actor vinculado a la producción independiente (Carlos Echavarría) y un músico con experiencia frente a la cámara (el también platense Sergio Pángaro). Los tres encabezan un film que recoge influencias del cine norteamericano independiente (Jim Jarmusch a la cabeza) y que provoca diversas sensaciones a lo largo del metraje (extrañamiento, perturbación, fastidio).

Alberto (Quinteros) es un hosco profesor de música que vive con su hijo y su nuera. Cuando cada mañana la pareja se va a trabajar, la rutina de Alberto dista de ser lo apacible que uno imagina para una persona de su edad (hay alcohol, fantasías sexuales y hasta violencia). Pero si bien es la imponente presencia de Quinteros la que se roba la primera mitad de la película, a partir de un incidente que no conviene detallar ganan desarrollo los personajes de Echavarría como el apocado hijo de Alberto, y de Pángaro, una inquietante mezcla de gurú y mafioso.

Nada es del todo evidente en Armonías del caos y allí radica parte de su mérito. Filmada en blanco y negro -recurso que le otorga un atmósfera aun más opresiva- , la película se mueve entre lo absurdo, lo onírico y lo perverso. Puede que haya alguna bajada de linea un tanto torpe, desconectada del clima general, pero se trata de una propuesta que no deja indiferente. ¿Se puede hablar ya del Nuevo Cine Platense?


        

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