domingo, 5 de abril de 2026

Se presentaron por el principal certamen Nosso segredo, de Grace Passò, y Nina Roza, de Geneviève Dulude-de Celles, que comparten dolores antes pérdidas familiares. 

Por Hernán Cortés (Desde Montevideo) 

NOSSO SEGREDO (Grace Passó): Cuesta entrar en la dinámica de esta familia que habita una humilde casa de Belo Horizonte: hay hermanos de edades dispares, dos viudas, un novio, una amiga y la ausencia muy presente del patriarca del clan. Pero mientras vemos que cada uno hace lo que puede (uno es taxista, otro parece estar a la deriva, las mujeres mayores tratan de llevar adelante la casa), será Tutú, el más pequeño del grupo, quien empiece a advertir que en el hogar acecha un huesped indeseado. Tomando como referencia ineludible el cine de sus compatriotas Marco Dutra y Juliana Rojas, la brasileña Grace Passó crea a fuego lento un clima de terror doméstico, primero apelando a un sugerente fuera de campo, que luego irá in crescendo hasta que los propietarios tengan el horror frente a sus narices, con muy buen uso de efectos visuales. Interesante debut como directora de esta actriz, que motiva a seguir sus próximos pasos detrás de cámara.

 

NINA ROZA (Geneviève Dulude-de Celles): Esta coproducción entre Canadá, Bulgaria, Italia y Bélgica que ganó en la categoría Mejor Guion en la última Berlinale se centra en Mihail, un curador de arte búlgaro radicado en Canadá que, cuando se entera de que una niña de siete años llamada Nina sería un auténtico prodigio pintando, decide viajar a su país natal para intentar representarla. A su vez, lidia con los problemas de su hija Roza, que se distanció de su marido. Una vez en Bulgaria, Mihail no puede evitar que el pasado se le venga encima, desde los reclamos de su hermana (desde que emigró, hace 28 años tras la muerte de su esposa, que prácticamente no mantiene contacto) hasta el recuerdo de sus padres. Esta película de segundas oportunidades con un título un tanto obvio (el cruce de líneas temporales representadas por su hija y la joven pintora) tiene algunos momentos logrados (el tire y afloje por sacar provecho de la niña o el reencuentro de Mihail con sus familiares) pero en otros tiende a caer en un melodrama demasiado almibarado. Apelar tanto a las metáforas y a las alegorías termina atentando contra el resultado final.


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